ARTISTA PLÁSTICO

domingo, 24 de marzo de 2013

Acacio Puig: un par de caladas de tabaco negro.






UN PAR DE CALADAS DE TABACO NEGRO.
Francisco Javier Rodríguez del Burgo
Una mañana cualquiera, Acacio se despierta, enciende un cigarrillo y se pone a pintar. Puede ser una ilustración por encargo para un libro de poemas de Michel Houllebecq, un lienzo para una exposición en Valencia o un dibujo para una camiseta en favor del pueblo palestino.
No importa el destino. Es su trabajo, su único trabajo y su forma de vida. Se pone a la faena sin esperar a que las musas llamen a su puerta (tal vez no encontraron el timbre) y sin replantearse el objetivo de la pintura en la sociedad del siglo XXI. Dos profundas caladas de Coronas negro son suficiente motivación para emprender la faena. El camino del dormitorio al estudio de pintura está jalonado por sus cuadros y los de sus amigos, tal vez para no despistarse ni por un instante de su objetivo.


Allí le esperan los amarillos y los rojos, los personajillos, a veces algo perdidos, muchas dispuestos a la faena sexual, o directamente inmersos en ella...siempre formando un mundo cruelmente divertido, tétricamente alegre, de escalerillas, sillas, dameros, cruces y círculos.
"No tener que replantearse cada día la función del arte, ¿es una ventaja?" le pregunto alguna vez, casi de manera ingenua. "Me deja más tiempo para pintar, así que supongo que es una ventaja, al menos para quien disfrute viendo mis cuadros"
 Si pasas por su casa, sorprende la cantidad de libros que hay en todas las estancias, incluso en el cuarto de baño. Si sacas alguno de su sitio, podrá contarte algo de él, y si tienes suerte, te lo prestará. Ésta es su faceta más egoísta, la de prestar libros. Yo sé que lo hace con la intención de poder charlar luego sobre ellos contigo.







A menudo, las ventanas de su casa están abiertas, y si escuchas con atención podrás oír algo de música francesa de los años sesenta o a de Lighetti. Pero nunca demasiado alta. Sale de un pequeño radio-cassette de esos que hace treinta años venían de Canarias en la maleta de algún primo lejano.
Para calentarse, la estufa de butano, la mítica que a tantos hogares calentó antes del despegue económico de nuestro país. Es un hombre austero, honesto, consecuente, siempre dispuesto a echar una mano a un amigo.
A veces pasea mirando al suelo, pero no está triste; simplemente busca en lo que otros desprecian tirando al suelo, un chispazo de belleza. A mí, una de las cosas que más me gustan es mirar los cuadros. Los que tengo en casa los miro mucho", advierte cuando te enseña los que decoran las paredes de su morada. Y es verdad. Mientras te los enseña, los observa con avidez, como si fuera la primera vez que los ve, a pesar de que conoce hasta el más mínimo detalle.


Probablemente esa sea su mejor cualidad: la capacidad de entusiasmarse con las pequeñas cosas, la nula necesidad de lujo, el cariño con que te invita a comer una paella hecha en la olla exprés (adjuntamos receta al dorso) y, sobre todo, esa capacidad de deleitarse con la belleza sin la necesidada menudo enfermiza, de poseerla.


Recomiendo acercarse a sus cuadros olvidando los prejuicios para poder observar con la misma naturalidad una silla y una polla. Están hechos para disfrutar (los cuadros, digo). Aprovéchense pues, es un lujo, pero gratis.
(Del catálogo de la exposición "Despedida y cierre por traslado"/Palencia, 2006)


Mi amigo Acacio
Mateo Santamarta.
 Acacio Puig es un artista polifacético, un animador social y cultural, un luchador incansable y coherente que sufrió sin amilanarse los zarpazos de la dictadura. Es un hombre de gran formación intelectual que sigue teniendo inquietud y ansia por conocer nuevas cosas y por crear un Nuevo Mundo.
 Ha sido y es ilustrador y ha trabajado para Babelia -suplemento cultural de El País- trabajando en la actualidad para las editoriales Susaeta y Acuarela
 También ha ilustrado libros de diversos poetas actuales a petición  de éstos.

Es un gran conversador y, sobre todo, un artista fiel a sí mismo



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