
Lupita como tema me tentaba
desde que –hace ya tiempo- me acerqué a ciertos aspectos de la gráfica y la
pintura mexicana.
En los años 60 del pasado
siglo y al hilo del grupo Estampa Popular, conocí la obra de Guadalupe Posada (¡calavera del montón!) y a fines de esa
década, rastreé su incidencia en parte de la cartelería de mayo de 1968.
Mucho después, compartiendo
taller de serigrafía con mi amigo ya fallecido, Pepe Ortas, tuve ocasión de
conocer de primera mano los entresijos de Estampa
Popular y el Atelier Populaire,
en el que Pepe estuvo profundamente implicado; en la década de los 90 y en su
compañía, editamos un par de carpetas destinadas a Sodepaz (Sodepaz@sodepaz.org).
Serigrafías sobre papel, una
de ellas estaba dedicada a la cartelería francesa del 68 y la otra, a una selección de grabados
de Guadalupe Posada.
Ya en el inicio de los 2000,
el encargo de ilustraciones sobre Frida Kahlo para una biografía juvenil editada
por Susaeta (www.susaeta.com) estimuló el
regusto de seguir impregnándome de esa cara de México tan apasionante, la que
liga indisolublemente la vida y la muerte …y despliega el humor negro como puente entre los
dos extremos.
De todo ello se alimentan
iconográficamente mis Lupitas. Aquí presento algunas.
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